La tía René es una mujer madura, alta, esbelta, no la más guapa ni la más fibrosa, pero si dotada con una única elegancia admirable para niñas, jovencitas, maduritas y viejecitas y atractiva para los hombres de todas las edades. Tiene una melena morena corta lisa, que a veces se ondula o se riza. Y una tez blanca donde se perciben ya las patas de gallo provocadas por sus constantes sonrisas.
De mayor todas queremos ser como la Tía René. Con sus dedos finos y largos y su manicura francesa, con sus trajes llamativos pero sin colores chillones, caminar sobre tacones altos o bajos, sin tambalear, con su tono de voz dulce y no muy elevado, con su sonrisa altiva cuando siente que la retan, con su carcajada espontanea si alguien le hace gracia.
La Tía René, se cree sencilla, pero no lo es. Tiene terrenos, y de ellos vive, pero ella, por supuesto no mueve un dedo, para cuidarlo tiene a empleados. Está casada con un hombre del que ni siquiera sabe si está enamorada, pero es feliz con su rutina diaria.
Y aquí comienzan las anécdotas de la vida de la Tía René:
La Tía René ha llegado a casa despampanante con unas gafas de sol enormes que escondía la mitad de su cara, pero dejaban ver unos labios rojos con forma de corazón perfectamente dibujado, tipo “boquita de piñón”, se ha sentado en una silla del jardín (ni loca colocaría sus posaderas sobre una mecedora dice que eso es de abuelas) y me ha contado la discusión con una de sus empleadas de hogar:
- “Resulta que la Marcelita aparcó su coche en la fachada de la puerta de mi vecina de enfrente, donde está la sombra del árbol que tienen, claro, así su coche no arde de calor cuando tiene que marcharse, la cuestión es que a ninguno de los vecinos nos gusta cuando vemos aparcado un coche en nuestras fachadas, porque si tenemos más de uno, ya no nos queda sitio para aparcar el nuestro, o bien si venimos con las bolsas de la compra, no nos gusta aparcar en el quinto pino para luego traer cargándolas, que ninguna somos mula de carga. Entonces hoy discutí con la Marcelita, que dejase de aparcar en la casa de la vecina de enfrente, existen parcelas vacías donde no molesta a nadie, pero claro, ahí no hay sombra, y no hay manera, la vecina de enfrente que no para de quejarse, y luego es a mí a quien mira mal y me siento culpable, y a mi niñita, no me gusta que me miren mal si no es con razón, y la Marcelita que está sensible y alza la voz y si no bien se le saltan las lágrimas, y es cierto que en la zona de fachada puede aparcar cualquier persona, pero que nos fastidia cuando nos quitan el sitio que nosotros mismo nos hemos asignado…
- Sí, como cuando llegas a clase y alguien se ha sentado en el lugar que tu desde el primer día consideras tuyo.
- Más o menos, más o menos sobrinita, más o menos.”
Ilustración de Jordi Labanda
Si quieren seguir sólo a La Tía René, pinchad aquí: http://latiarene.wordpress.com
La de la ilustración no parece mucho la Tía René; parece la Prima Josefina (potencial hija de la Tía René, por su elegancia).
Comentario por Mariano Andrés — Junio 24, 2008 @ 3:02 pm
La tía René es así de elegante, pero no quiere salir en fotos, porque no quiere ser famosa, o al menos eso dice ella…falsa humildad seguramente,jejeje.
Gracias por el nombre de su futura hija,pero no sé si me llega a convencer, pero sobre todo gracias por pasarte por aquí Mariano Andrés.
Comentario por srtamowgly — Junio 24, 2008 @ 3:53 pm